Entre tizas y pañales

Desorientada y sin saber que pasaba, Marina se fue de la comisaría. Poco era lo que había que decir. Mientras Marina lloraba, el Chueco, amigo y hermano que había ganado, acompañaba en silencio.
Como era de esperar, y además correspondía, el juez dictó preventiva.
Durante los cinco meses que el Tiki estuvo detenido en Tapiales, en un pequeño destacamento sobre la calle Pedernera a cuadras de Gral Paz, el Chueco no dejó de acompañar a Marina a llevar dos veces al día la comida a comisaría. Los abuelos de ella, no querían saber nada con nada ni nadie que tuviera que ver con el Tiki, razón por la cual, el “patas largas” como le decía la abuela de Marina al Chueco, tocaba timbre y en dos “zancadas” se escondía dando la vuelta a la esquina. Como fuera, él se las ingeniaba para avisar que había llegado para acompañarla.
Lo cierto es que el dinero de la indemnización estaba llegando a su fin, así que urgía conseguir un trabajo para mantenerse. Claro que el problema era el horario. Así fue como por un cartelito en una panadería, Marina consiguió planchar pijamas y calzoncillos para una fábrica muy cerca de donde vivía. A simple vista, parecía cosa fácil, pero concretamente, consiguió quemar 3 pantalones y 6 calzones, que pese al esfuerzo por doblarlos de manera que no se noten, lograron que el trabajo le durara menos de una semana. Era evidente, que el fuerte de Marina no era el planchado.
Por ese entonces, corría el año noventa y siete y la beba cumplía dos años, y fue durante ese cumpleaños que el Chueco conoció a Patricia, una amiga de Marina, quien con el tiempo se convertiría en su mujer.
Entre risas y no tanto, Patricia y el Chueco habían encontrado la solución para Marina.
En poco tiempo, él le enseñaría todo lo que sabía de pool. A cambio, Marina empieza a conocer los entretelones de los torneos de barrio jugando con el Chueco por dinero para un pub de Floresta. Así también, sabe por vez primera de algunos billares y Lucho Rossi, antes totalmente desconocidos para ella. No era lo ideal, ni a lo que estaba acostumbrada, pero la ayudaba a sobrevivir. Mientras Marina y el Chueco "recaudaban", Patricia cuidaba de la nena.
Lejos habían quedado las tardes de uniforme de colegio y ajedrez en el subsuelo de la Richmond. Tan lejos como la Marina que lo usaba.

Comments

16 Responses to "Entre tizas y pañales"

Stella dijo... 29 de septiembre de 2009 a las 5:16

Ahhh, mirala a Marina jugando al billar! Buenísimo!!
Es asi, cuando el hambre apreta, somos capaces de laburar de algo que jamás se nos hubiera ocurrido!
Bien por Marina!!

Besoos

M. de Floresta dijo... 29 de septiembre de 2009 a las 7:07

No sólo el hambre, Stella. Con lo que saqué planchando, no alcancé a cubrir lo que "rompí" en quemaduras. Jajajajaja. Gracias por pasarte. Un beso.

Juan de la Cruz Olariaga dijo... 29 de septiembre de 2009 a las 8:58

Y regreso y regreso y regreso, esta historia real o no, me resulta apasionante, quiero y espero el día que Marina estalle y decida vivir...sé que en algún relato llegará, poca fortuna para Marina (a quién, entre nosotros, ya quiero un poco) que digo poca fortuna...afortunada tiene una beba y eso no cotiza en bolsa es una de las maravillas mas hermosa que te puede dar la vida. Pero espero la liberación de Marina. Lindo un beso, volveré por mas.

M. de Floresta dijo... 29 de septiembre de 2009 a las 9:00

Gracias Juan por pasarte y querer un poco a Marina. Un beso también para vos.

Silvio dijo... 29 de septiembre de 2009 a las 10:44

Pool de Floresta? Cual?

Yo nací en Camarones y San Nicolas, luego me fui a Versailles, y de allí a otros lados; pero siempre vuelvo a la casita de "mis viejos".

Ahora siento pena por Tiki (que garrón estar sopre)

Sigo la historia con atención.

Cariños.

gamar dijo... 29 de septiembre de 2009 a las 10:55

No había un flaco de pelo largo en esos bares?
Soy de los que piensan que uno puede hacer de todo. Marina es buen ejemplo.
Beso

M. de Floresta dijo... 29 de septiembre de 2009 a las 11:30

SILVIO: Si te sirve de consuelo, el Tiki estaba de diez adentro. Lástima que lo tuvieron poco. En cuanto a los pooles, eran Libres (Lope de Vega y Sarachaga), Pony Express (pegado al cine Gran Rivadavia), Central Park, que ya no está (a metros del Charo). Para este último "trabajábamos" con el Chueco. Gracias por pasar. Un beso y cariños también para vos.

M. de Floresta dijo... 29 de septiembre de 2009 a las 11:32

GAMAR, eras vos? Había un par, muchos venían de la Rock & Blues de Segurola y Rivadavia, pero me hubieses dicho, che! Jajajajaja. Gracias por pasarte. Un beso.

P.D.: No olvides guardarme los alfajorcitos.

Marcelo Dance dijo... 29 de septiembre de 2009 a las 16:37

Nunca fué mi fuerte el pool. A principios de los 80's iba a un par que quedaban por Rodríguez Peña y Paraguay (si mal no recuerdo), y el de la galería Los Galgos, en Juncal y Callao, donde paraban algunos de los Cadillacs. Pero un poquito lejos de Flores.
Unos años con el Tiki la habrán llevado a Marina a convertirse en una experimentada mujer, aunque quizás involuntariamente.
Siga dibujando M. que la historia atrapa y mucho.
Un beso.

M. de Floresta dijo... 29 de septiembre de 2009 a las 17:52

Ve, por esos pooles Marina no llegaba. Tenía que llegar no muy tarde para darle de comer a la beba. Eso sin contar que Patricia y el Chueco tenían que irse también a sus respectivas casas. Otro beso para vos, Marce.

Eduardo Omar Campilongo dijo... 30 de septiembre de 2009 a las 18:32

¡Genial Marina, es como si estuviera sentado en un teatro independiente viendo una obra under!
Son todos personajes. Hago fuerza para que te vaya bien. Adelantá algo ahora: si te va bien, por ejemplo, hay nervios de ansiedad.

M. de Floresta dijo... 30 de septiembre de 2009 a las 19:04

Y bien, lo que se dice bien, no sé. Pero Marina aprendió a fuerza de tantos golpes, a valorar lo bueno cuando llega y disfrutarlo.EL resto, lo malo, a la larga o la corta, siempre queda atrás. Claro que dependerá de cada uno que así sea, no? Al menos eso, está bien claro. Gracias por pasarte y preocuparte por Marina. Un beso.

RELATO DEL PRESENTE dijo... 1 de octubre de 2009 a las 1:34

Me conozco todos los pooles de Floresta! Y en el 36 billares he pasado noches tan increíbles que no consigo recordarlas.

Se nota a la legüa que sos un amujer capaz de cualquier cosa con tal de salir adelante.

Besos!

M. de Floresta dijo... 1 de octubre de 2009 a las 7:58

Ajajajaja. Si la Av de Mayo hablara, RDP! Mejor que no, mejor que no =). Ahora que si fueron increíbles, no han sido malas, no?
Gracias por pasarte y dejar tu comentario. Un beso.

Fernando Rocchia dijo... 1 de octubre de 2009 a las 12:10

ME GUSTO EL BLOG, FELICITACIONES

M. de Floresta dijo... 2 de octubre de 2009 a las 10:42

Gracias, Fernando. Me alegra que te guste. Un beso para vos.