El acto sexual, ya era pasado y avanzaba hacia el futuro con seis meses de atraso, más fecha de parto concreta. Faltaba consumar el “acto matrimonial” que consistía en una ofrenda al Dios “del-qué-dirán-los-vecinos”.
Como era de esperar, en el Registro Civil había un par de familiares, obviamente los de rigor, además del Tiki, el Chueco y Marina. Fue una ceremonia breve y sencilla. Hasta podría decirse que no dolió. Por la noche, como correspondía en estos casos, habría una reunión para los íntimos, tan íntimos, que se redujo a la familia de Marina, el Chueco, el Tiki y sus padres.
Dorita, la madre del Tiki, ofendida por la falta de tiempo con que fue avisada del atraso (?) encontró la excusa que necesitaba para no colaborar con los gastos de la mini reunión. Situación que Carol, la madre de Marina, como única sponsor oficial del evento, aprovechó para constituirse en árbitro y linewoman, y sólo habilitar la tribuna de locales.
Después de todo, si lo iba a pagar con su mísero sueldo municipal, era lógico que cerrara el ingreso a “visitantes”.
A las dos horas de comenzada la reunión, los misiles sobrevolaban el living cómodamente. Era el momento indicado para que los novios se escaparan de la fiesta (?). Y así fue como el Tiki, el Chueco y Marina hicieron mutis por el foro.
Terminada la reunión en condiciones lastimosas, la nona de Marina, les avisó que ya estaba despejado el campo de batalla y podían volver.
El Tiki, ya había traído un bolso con sus petates, que incluían algunos pares de las históricas medias “París” que dejarán huellas imborrables en la vida de Marina. Los petates incluían además, un par de estas medias para lavar.
Marina, ávida por demostrar lo buen ama de casa que podía llegar a ser, lavó los dos pares de medias, y se dispuso a secarlos en el borde del horno. Como toda la vida Carol había hecho con sus zapatillas de gimnasia cuando no había tiempo de esperar que se secaran con el sol. Claro que, una cosa eran las zapatillas, y otra las medias. El horno, igual que los poderosos, dueño absoluto de la situación, cerró la cadena alimenticia “comiéndose “ al más débil., que en este caso, fueron las medias.
Nadie le había dicho a Marina, que tenía que dejar la puerta del horno abierta. Así fue como secándose a puerta cerrada, sólo quedaron los puños de las históricas medias París, colgando del lado de afuera.
El sepelio de las medias, duró menos de un minuto. Lo que lleva sacarlas del horno, decir lo siento, y tirarlas a la basura. En cambio el duelo..... al Tiki el duelo le llevó años. Ese final absurdo donde las medias perdieron la vida, marcarían su vida para siempre. El tiempo dará la razón a Marina sobre esta afirmación.
Como era de esperar, en el Registro Civil había un par de familiares, obviamente los de rigor, además del Tiki, el Chueco y Marina. Fue una ceremonia breve y sencilla. Hasta podría decirse que no dolió. Por la noche, como correspondía en estos casos, habría una reunión para los íntimos, tan íntimos, que se redujo a la familia de Marina, el Chueco, el Tiki y sus padres.
Dorita, la madre del Tiki, ofendida por la falta de tiempo con que fue avisada del atraso (?) encontró la excusa que necesitaba para no colaborar con los gastos de la mini reunión. Situación que Carol, la madre de Marina, como única sponsor oficial del evento, aprovechó para constituirse en árbitro y linewoman, y sólo habilitar la tribuna de locales.
Después de todo, si lo iba a pagar con su mísero sueldo municipal, era lógico que cerrara el ingreso a “visitantes”.
A las dos horas de comenzada la reunión, los misiles sobrevolaban el living cómodamente. Era el momento indicado para que los novios se escaparan de la fiesta (?). Y así fue como el Tiki, el Chueco y Marina hicieron mutis por el foro.
Terminada la reunión en condiciones lastimosas, la nona de Marina, les avisó que ya estaba despejado el campo de batalla y podían volver.
El Tiki, ya había traído un bolso con sus petates, que incluían algunos pares de las históricas medias “París” que dejarán huellas imborrables en la vida de Marina. Los petates incluían además, un par de estas medias para lavar.
Marina, ávida por demostrar lo buen ama de casa que podía llegar a ser, lavó los dos pares de medias, y se dispuso a secarlos en el borde del horno. Como toda la vida Carol había hecho con sus zapatillas de gimnasia cuando no había tiempo de esperar que se secaran con el sol. Claro que, una cosa eran las zapatillas, y otra las medias. El horno, igual que los poderosos, dueño absoluto de la situación, cerró la cadena alimenticia “comiéndose “ al más débil., que en este caso, fueron las medias.
Nadie le había dicho a Marina, que tenía que dejar la puerta del horno abierta. Así fue como secándose a puerta cerrada, sólo quedaron los puños de las históricas medias París, colgando del lado de afuera.
El sepelio de las medias, duró menos de un minuto. Lo que lleva sacarlas del horno, decir lo siento, y tirarlas a la basura. En cambio el duelo..... al Tiki el duelo le llevó años. Ese final absurdo donde las medias perdieron la vida, marcarían su vida para siempre. El tiempo dará la razón a Marina sobre esta afirmación.

Realmente maravilloso, historias cotidianas de una adolecente comenzando a ser mujer. Es inevitable, tu narración es tan prolija que siempre me imagino la situación y termino sonriendo, que bien narrás. Un cariño grande.
Gracias, Juan, por tus palabras. Otro cariño grande para vos.
Peeero, tanto lío por unas medias! Pobre Marina, solo tuvo una buena intención! Salió mal, pero bué, a quien no le han pasado estas cosas?
Solo a los que nunca lavaron nada...jejeje
Besoos
Es que esas medias, Stella, lo verás más adelante, no eran cualquiera. Las medias París harían historia.
Al Chueco lo tenías hasta en la sopa. Realmente eran carne y uña. Más carne que uña, ya que evidentemente las tenían gastadas de tanto rascarse.
Besos!
Tenés una rara habilidad para crear atmósferas y personajes muy característicos en tus relatos, ya lo habías demostrado en tu anterior blog: ACA (no lo abandones).
El chueco, del que no das mayores detalles, uno supone bien que se trata del gomía del Tiki.
¡Ya te hiciste muy querible!
Abrazo.
Es cierto RDP, el chueco venía en el combo, jajajaja. Gracias por pasar. Un beso.
CEO: Lo del otro blog, es como te dije, no consigo recordar la clave de ingreso. Es como le dije a Stella en su blog, cambiando la plantilla, no sé que moco me mandé.
Y del Chueco, si, el chueco, fue algo entrañable. La próxima, hablaré de él. Gracias por pasarte y por tu comentario. Un beso.
Una historia muy pellizcante.
¿Cómo que no existe esa palabra?
Es algo así como que a cada párrafo algo te despierta. Es imposible aburrirse leyéndote.
Te dejo un beso y me quedo a la espera de la continuación.
Fue una ceremonia breve y sencilla. Hasta podría decirse que no dolió.
Que maravillosa metáfora...
Bueno, pero que alguien le explique al Tiki, que el mercado de medias ya está desregulado.
Es el sueño cumplido de Adam Smith.
La única prueba de que su teoría tiene al menos, un mínimo asidero...
Saludos a Ud.
GAMAR: Gracias por tu visita y tu comentario. Otro beso para vos.
FALANGISTA: es que esas medias no eran cualquier media. Al día de hoy, hasta hemos pensado con un grupo reducido de viejos amigos, iniciar una campaña al mejor estilo Subiela que rece "Tiki no te mueras sin decirnos que les pasó a las París". Pero esa será otra historia que ya contaré. Un beso.
Al "Chueco" desde ya estoy diciendo que no me lo banco.
Canté pri.
Jajajajaja. Verás, "Mala" que terminarás queriendo al Chueco a la fuerza. Creeme que si. Muchas gracias por pasarte y por tu comentario. Un beso!
Las medias París no las conocí? Son antes o después de las “Ciudadela”???
Me imagino el clima del casorio con la tribuna local pletórica de alegría (o quizás no tanto) cantando aquello de “Es para la vieja de Tiki que lo mira por TV!”.
A esta altura, el Chueco comienza a ser un divieso en las nalgas, por no decir un forúnculo en el culo… Y eso que ésto (como diría Víctor Sueyro (Santo varón!)): Esto recién empieza! Ja! Ja! Ja!
Un Beso!
Sabés que ni idea Marce? La primera vez que escuché de ellas, fue de boca del Tiki y la vieja Dora. Lo que si te aseguro, hubo un antes y un después de las medias "París". Gracias por pasar. Un beso.